Todos hemos tenido periodos de queja, o momentos difíciles afrontar y se nos hace válida, el problema inicia cuando la queja se transforma en una compañera, en una mala compañera. Es la incapacidad que tenemos los seres humanos de actuar, de aceptar las circunstancias o las decisiones que nos afectan y accionar de modo tal de cambiarla, de buscar nuevos caminos, ver ventanas donde no no hay puertas. La queja, nos ciega. Nos bloquea a fijar la mirada en lo que no tenemos y perdemos de vista la infinidad de posibilidades que existen para alcanzar un objetivo.

 

La queja suele no servir de nada. Por lo general va acompañada de puras palabras vacías y llenas de resentimiento. 

 

A veces es necesario desahogarse y poder vaciar un poco la mente de algunas desfortunas, pero debemos tener cuidado en no caer en el ciclo infinito, bailando la vida con ella.  La queja nos invita a escudarnos o buscar excusas a nuestra falta de voluntad y acción. El compromiso implica constancia, la constancia implica tiempo, y durante el tiempo tendremos muchos obstáculos antes de llegar al objetivo, que la queja no sea la piedra que tape todo tu camino. Bordéala, camina alrededor de ella, y avanza. 

 

Para evitar la queja lo primero que debes hacer es alejarte de todo aquel que viva su vida pensando en ella. Aquella persona que acude a ti llenándote de quejas y problemas no puede ser un buen amigo o compañero. Nadie tiene el derecho de cargarte con sus pensamientos negativos o pocos constructivos. 

Lo segundo que debes hacer: es limpiar tu propia mente de auto-limitaciones que te impiden verla como una pequeña piedra. Todos los problemas tienen solución, o acaso no has visto a lo largo de tu vida y de los demás que todo, todo al final, siempre encuentra su curso?.

Que la queja no detenga tus pasos, que la queja no contamine tu mente, que la queja sea una compañera temporal, una invitada, pero que no se instale.